"La palabra no existe para traducir, para reflejar el mundo. Existe para crear puentes entre las cosas y los hombres" (G.Santiago)
sábado, 15 de enero de 2011
entre los dos
Y se abrazaron tanto que al final él alcanzó la medida exacta que le permitía cubrir con los brazos todos sus miedos y ella aprendió la magia de sentirse chiquita y al mismo tiempo contener toda la alegría del universo.
viernes, 3 de diciembre de 2010
Respuesta
jueves, 4 de noviembre de 2010
Papás
Nació Manuel. Y cuando llora, pienso: claro...
Y cuando se me queda dormido a upa y ya con eso alcanza para estar bien, pienso: claro...
Cuando una vez estornudó, y después se puso bizco, y “cómo sostiene la cabeza, qué fuerza tiene!”. Cuando mueve la boca pidiendo teta o de repente se te queda mirando a los ojos. En todos esos momentos, pienso: claro...
Y también pienso si sabrán.
Se me anuda la garganta pensando si sabrán.
Lo veo a él tan chiquito y ya tan importante. Tan mágico, tan increíble. Y pienso: que estés bien, que seas feliz, que si te pasa algo malo sea bueno, que todo, todo, todo el amor que pueda darte te llegue, que viaje de mí hacia vos a través del aire y a través de nosotros mismos en cada abrazo, cada provechito, cada mimo, cada upa.
Y me pienso chiquitita, bebé, con dos papases preocupados en entender qué quiero cuando lloro, qué me gusta de lo que hacen, qué me hace mejor y qué peor y cuándo y cómo y todo.
Y pienso, claro...
Y pienso, sabrán?
Porque cuánta entrega, no? Entrega de la más preciosa y hermosa y verdadera y sincera y desinteresada. Cuánta! Y eso de que los papás siempre quieren a los hijos, y eso de que los papás saben todo y eso de que sivosestásbienyotambiénestoybien,pichona. Todo eso no es siempre, eh. Todo eso es una razón enorme para agradecer. De verdad, agradecer mucho.
Agradecerles mucho.
Por todo.
Por quererme tanto y quererme bien.
Porque hoy en día incluso, ya con 28 pirulos, sigo tomando las decisiones que tomo sabiendo que ellos me respaldan. Contando con ese respaldo. Yo sé que la base de todo lo bueno que me pasa, de TODO lo bueno que me pasa, tiene una base anterior, que son ellos.
Desde lo más material y superficial hasta lo más profundo.
Y pensar que fui su Manuelita, que vivía en Peguajó pero un día se marchó, me emociona mucho. Y me imagino a elloss... que me vieron tan chiquitita, tan necesitándolos. Que fueron los que primero adivinaron que dos llantos era hambre mientras que uno más larguito era sueño.
Una vez vi una foto de un mural que hay pintado en alguna calle de Cuba que dice: “Los peces no saben que el agua existe”.
Que sería algo así para mí como que hay cosas tan pero tan vitales, tan que las necesitamos para vivir, pero que sin embargo las naturalizamos y ocultamos su importancia.
Parece que la llegada de Manu, tan pececito él, me hizo ver el agua y quería agradecerla. Agradecerles mucho.
Gracias por tanta agua.
lunes, 1 de noviembre de 2010
Círculos y rectas
No siempre, pero a veces, uno se levanta con la sensación de que nada tiene sentido si uno sigue sin poder ver en las rectas, círculos infinitos... porque después de todo, como diría Saramago, el paisaje no es más que un estado del alma; y lo que uno ve fuera no lo ve sino con los ojos de adentro.
domingo, 31 de octubre de 2010
Juan y Pedro (o La polarización social)
Pedro no.
Pedro era feo.
O así, principalmente, se veía él.
Juan, como decía, había nacido lindo. La belleza tiene esa cosa de atributo natural que la hace un poco injusta. Ni pensaba Juan en qué hubiera sido de él sin su buen aspecto, ni temía perderlo y de hecho la mayor parte del tiempo se olvidaba de que así era.
Ellos no se conocían entre sí, pero abundan Juanes y Pedros por el mundo entero y la vida ya los había puesto a cada uno en contacto con algún ejemplar del otro grupo.
Pedro más de una vez había sido rechazado en un boliche que sólo aceptaba juanes. Había visto también a la chica que le gustaba de la mano de un Juan (un Don Juan en ese caso) y había perdido trabajos para los que se sabía preparado y que inexplicablemente conseguía el Juan que estaba en la fila, justo atrás suyo.
Producto de estos encuentros se fue gestando en Pedro un cierto sentimiento de bronca hacia los juanes en general.
Cómo no iba a conocer algún juan si compraba la ropa que le quedaba tan bien a ése de la publicidad y también tomaba la gaseosa que hacía que ese otro se viera tan masculino y seductor.
-Que los juanes se vayan a cagar - pensaba.
Juan, por su parte, no tenía nada contra los pedros. Tenía incluso un amigo Pedro. (Que en realidad era más bien un compañero de laburo, pero servía de excusa y de reaseguro de conciencia cuando sentía culpa por su juanidad...). Sin embargo en algún momento Juan notó que ser juan era motivo de mucha envidia por parte de algunos pedros. Sintió el empujón innecesario en más de una oportunidad, la risa burlona ante el menor tropezón, la felicidad frente a un mal corte de pelo.
Llegaron a sus oídos montones de atentados cometidos por pedros. Muchos juanes habían sido maltratados, secuestrados y encontrados teñidos, desprolijos y en los casos más graves hasta mutilados o con cortes en el cuerpo.
Por lo visto no era broma.
Y el Juan de nuestro cuento empezó a temerle a los pedros, incluso a pesar suyo. Porque la verdad es que disfrutaba de los contactos ocasionales en los que se cruzaba con alguno y, miedos y broncas aparte, podían intercambiar algunas frases, quejarse del mismo clima, insultar al mismo político o caminar la misma cuadra. Por lo menos por un rato. Hasta que él empezaba a sentir, o quizás imaginar, la mirada de implícito juicio y reprimida envidia en los ojos de su interlocutor y elegía alejarse y seguir su camino. ...no sea cosa que... Aunque parecía que no, no?...pero...nunca se sabe..
Y a Pedro también le gustaba cuando de vez en cuando el encuentro se daba. Por lo menos hasta que le reaparecía la bronca sin querer queriendo y entonces no podía evitar el sentimiento de “qué hijo de puta este juan de mierda”. Sobre todo cuando se daba cuenta de que durante la charla Juan a propósito se hacía el despeinado y se arrugaba disimuladamente la camisa. Como si eso escondiera su belleza... por favor!
La realidad es que Juan y Pedro no tenían en común más que lo que tenía Juan con otros juanes y Pedro con otros pedros. Tampoco menos. La verdad es que de haber sido posible un encuentro sincero entre ellos dos, dentro de las posibilidades está el que eligieran no compartir nuevos encuentros. Tal como le había pasado a Juan con otros juanes y a Pedro con otros pedros.
De haber sido posible un encuentro cercano entre ellos, seguramente hubieran aprendido mucho uno del otro. Como siempre que uno se encuentra con un otro distinto a uno. Como muchas veces no se permitió Juan con otros juanes, ni Pedro con otros pedros.
Quizás Juan y Pedro, los del cuento, no se conocieron porque no se intrigaron, ni se atrajeron, ni se necesitaron, ni se sirvieron, ni se golpearon por descuido o “se te cayó esto, diculpame” y “no, por favor, muy amable”.
Yo pensaba lo mismo.
Pero resulta que fuera del cuento (cuando Juan abandona su personaje y vuelve a ser Marcelo, y Pedro se saca el disfraz para ser de nuevo Ricardo) desde hace años que ellos dos son grandes amigos.
Entonces me di cuenta. Lo que los separaba era otra cosa.
viernes, 29 de octubre de 2010
Charla con vos
“Recién cuando se termina el termo te das cuenta de que no cambiaste el mundo. Pero igual la sensación sigue y te vas caminando despacio y yo recibo más aire cada vez que respiro”
No sé por qué esto me hace pensar en un día nublado. Un nublado no húmedo; fresco como para buzo, aunque vos estás en remera y no tenés frío.
Durante toda la charla me estuviste mirando con la cabeza inclinada hacia abajo y una sonrisa que me está costando describir.
Quizás porque la busco en tu boca, cuando vos tenés esa increíble capacidad de sonreír con los ojos. De sonreír el momento y el lugar. El aire. Y hacer finalmente que yo sonría.
Así era entonces:
“Durante toda la charla vos me mirabas y yo sonreía como tratando de no, entre tímida y cómplice, mientras me peleaba conmigo para no distraerme y poder escucharte. Tan concentrada estaba pensando cómo iba a describir la sensación de tanta paz, de tanta vacación, que tengo siempre cuando estás conmigo”
En ese momento no me di cuenta de que a veces el final es el mejor comienzo.